Diógenes de Sinope

Diógenes de Sinope (c. 412 a.C. – 323 a.C.) fue un filósofo griego que se convirtió en símbolo del cinismo, movimiento filosófico fundado por Antístenes.

Criticó las convenciones y costumbres sociales y optó por vivir en la pobreza, renunciando a amistades, matrimonio e hijos. Su modo de vida fue comparado con el de un perro. Para Platón, Diógenes distorsionaba las enseñanzas de Sócrates, por lo que le apodó «El Sócrates loco».

Ideas principales de Diógenes de Sinope:

  • Defensa de una vida sencilla, según la naturaleza;
  • Romper con las convenciones y normas sociales;
  • Indiferencia hacia la política, los gobernantes y sus leyes;
  • Búsqueda de la libertad personal, la independencia y la autosuficiencia (autarquia);
  • Desprecio por la filosofía teórica y abstracta, que carece de valor práctico;

Biografía

Diógenes de Jean-Leon Gerome
Diógenes, por Jean-Leon Gerome, 1860.

Diógenes nació en Sinope hacia el 412 a.C., y su muerte se produjo hacia el 323 a.C. en Corinto.

En su juventud, Diógenes trabajó como ayudante de su padre, un banquero llamado Hicesias.

En aquella época, los banqueros instalaban sus mesas en el mercado y en las fiestas, concedían préstamos, cambiaban y comprobaban la autenticidad de las monedas.

Falsificación de moneda y exilio

Diógenes con su linterna, en busca de un hombre honesto, por Mattia Pretti.
Diógenes con su linterna, en busca de un hombre honesto, por Mattia Pretti.

Las fuentes antiguas cuentan -aunque en versiones diferentes- que Diógenes y su padre fueron castigados por adulterar la moneda de Sinope.

Una de estas versiones señala sólo a Hicesias como responsable de la manipulación, y fue condenado a prisión y Diógenes al exilio.

Otra versión cuenta que Diógenes fue persuadido por los trabajadores bajo su supervisión para adulterar la moneda. Ante la duda, decidió acudir al oráculo de Delfos en busca de orientación sobre lo que debía hacer.

El oráculo aconsejó a Diógenes que «desfigurara la moneda» en el sentido de cuestionar y desafiar las instituciones y costumbres sociales. Sin embargo, debido a una mala interpretación, volvió y empezó a desfigurar literalmente las monedas.

Tras ser expulsado de la ciudad, se trasladó a Atenas, donde conoció al socrático Antístenes, seguidor de Sócrates, y recibió sus primeras lecciones de cinismo. Una vez comprendido el significado simbólico del Oráculo, emprendió una lucha contra la «moneda» cultural y política de su época.

Esclavitud y estancia en Corinto

Diógenes, de Maurice Quentin de La Tour
Diógenes, de Maurice Quentin de La Tour.

Durante un viaje a Egina, el barco en el que viajaba Diógenes fue capturado por piratas, que lo llevaron a Creta y lo vendieron como esclavo a un corintio llamado Jeníades.

Jeníades llevó al filósofo cínico a Corinto y le pidió que supervisara la educación de sus hijos y administrara los asuntos de su casa.

Diógenes enseñó a los hijos de Jeníades los principios del cinismo, como la sencillez, la renuncia a lujos y comodidades y la búsqueda de la autosuficiencia y la independencia. Los hijos de Jeníades desarrollaron un profundo afecto y respeto por su educador.

Tras la muerte de Jeníades, Diógenes permaneció en Corinto, viviendo solo fuera de las murallas de la ciudad, cerca de un gimnasio conocido como Kraneion (Calavera).

El barril de Diógenes

Diógenes, por John William Waterhouse
Diógenes, por John William Waterhouse, 1882.

Diógenes de Sinope decidió vivir en un barril tras no recibir la casa de campo que le había prometido cierto hombre.

Otra versión de esta historia cuenta que llegó a vivir en un barril después de observar que los caracoles llevan su hogar -la concha- a cuestas.

Como medio de subsistencia, el filósofo cínico pedía limosna y comida, y se enfadaba cuando se la negaban. Una vez, un hombre le dijo: «Te lo daré, pero sólo si puedes persuadirme», y él replicó: «Si pudiera persuadirte de algo, te habría persuadido de que te ahorcaras».

Para acostumbrarse al rechazo, tomó la costumbre de mendigar delante de estatuas.

Muerte

La muerte de Diógenes en Corinto coincidió con el año de la muerte de Alejandro Magno, en el 323 a.C. Los corintios escribieron en su lápida las siguientes palabras: «Aunque el bronce envejezca con el tiempo, tu fama, Diógenes, será eterna y jamás la borrará la eternidad».

Existen varias versiones sobre la causa de la muerte de Diógenes. Se dice que murió por autoasfixia. Otras versiones mencionan que murió tras comer carne cruda de pulpo, mientras que otra cuenta que fue mordido por un perro durante una disputa por comida o que contrajo fiebre.

Diógenes, por Jules Bastien-Lepage
Diógenes, por Jules Bastien-Lepage, 1873.

Obras

A Diógenes se le atribuye la autoría de varias obras, entre ellas: Cefalión, Ictias, Corneja, Fárdalo, Pueblo de Atenas, República, Tratado de ética, Acerca de la riqueza, Erótico, Hipsias, Aristarco, Sobre la muerte, Cartas.

Y siete Tragedias: Helena, Tiestes, Heracles, Aquiles, Medea, Crisipo, Edipo.

De los supuestos escritos no parece haberse conservado casi nada auténtico. Existen varios fragmentos de dudosa autenticidad que revelan sus ideas y enseñanzas en fuentes secundarias.

La filosofía de Diógenes

Diógenes sostenía que era necesario vivir en armonía con la naturaleza, de forma sencilla y eliminando las necesidades superfluas, porque sólo así el ser humano sería libre, independiente y feliz. Todo conocimiento sin utilidad para la vida humana debía ser desechado.

Afirmaba que la mejor manera de aprender su mensaje filosófico era observando su comportamiento. Por tanto, la filosofía de Diógenes no era teórica, sino práctica.

Las palabras, las definiciones y los discursos tenían poco significado para él, por lo que manifestaba desprecio por todo tipo de aprendizaje: música, geometría y astronomía.

La inspiración de Diógenes para vivir con sencillez le llegó cuando observó a un ratón que vagaba por el mercado, sin destino ni lugar donde dormir; y a un niño, que bebía agua sólo con las manos, sin necesidad de taza.

Diógenes y el niño, por Ilya Repin
Diógenes y el niño, por Ilya Repin, 1867, vía Wikiart. Dominio público.

El filósofo de Sinope transgredía a menudo las reglas de la decencia: comía donde le daba la gana, hacía sus necesidades fisiológicas en cualquier parte, consumía carne cruda, ridiculizaba las supersticiones y las creencias religiosas, se burlaba por igual de políticos y sabios, sin excepción.

El cinismo de Diógenes

Diógenes era miembro de la corriente filosófica conocida como cinismo. Las palabras «cínico» y «cinismo» son derivaciones del griego κυνισμός (kynikos), que es la forma adjetival del sustantivo κύων («perro»).

Ser cínico significa literalmente ser como un perro, comportarse como un perro o tener características que recuerdan a las de los perros.

Alexandre e Diógenes, por Edwin Henry Landseer, 1848.
Alexandre e Diógenes, por Edwin Henry Landseer, 1848.

El cinismo clásico no es exactamente una escuela filosófica, como lo fueron el platonismo, el aristotelismo o el estoicismo.

El cinismo, especialmente el de Diógenes, es una práctica o una forma de vida más que un sistema de ideas.

Su discípulo Crates decía que el camino hacia la felicidad no se encuentra en el discurso y el pensamiento, sino en la práctica constante de acciones y actos virtuosos.

Visión ético-política

Diógenes expresaba su desprecio por la política, las leyes y los legisladores. Tanto en lo social como en lo personal, creía que había que desobedecer las leyes porque restringían la libertad humana.

Criticó las leyes democráticas de Atenas, establecidas por la mayoría del pueblo, argumentando que carecían de razón, ya que el propio pueblo carecía de ella.

Diógenes busca un hombre, por Cornelis de Vos.

Cosmopolitismo

Diógenes de Sinope es reconocido como el pionero de la idea de cosmopolitismo. En una ocasión, al ser preguntado por su origen, respondió: «Soy ciudadano del mundo» (kosmopolites). Sin embargo, su cosmopolitismo es negativo porque no busca la unión de la humanidad.

Según los cínicos, el orgullo que los atenienses sentían por su origen y por los logros de su nación carecía de fundamento racional y se consideraba una falsedad construida socialmente.

Tal orgullo, argumentaban los cínicos, es la fuente de la que proceden muchos de los males y tribulaciones que han afligido a la humanidad.

Anécdotas

Encuentro con Alejandro Magno

Alejandro y Diógenes, por Cornelis de Vos.
Alejandro y Diógenes, por Cornelis de Vos.

Una vez Alejandro Magno visitó a Diógenes y lo encontró tumbado al sol. Curioso, le preguntó si deseaba algo. La respuesta del filósofo cínico fue sencilla: «Que me deje disfrutar del sol».

Sorprendido e impresionado por esta respuesta, se dice que Alejandro Magno dijo a sus compañeros que, si no fuera él mismo, elegiría ser Diógenes.

En otra ocasión, Diógenes estaba examinando detenidamente un montón de huesos humanos cuando Alejandro se le acercó y le preguntó qué buscaba. El filósofo cínico respondió: «Busco los huesos de tu padre, pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo».

Críticas a la filosofía de Platón

En una ocasión, durante una de las clases de Platón sobre la teoría de las Formas, en la que utilizaba términos como «mesa ideal» y «taza ideal» para explicar su teoría, Diógenes le interpeló diciendo: «Platón, puedo ver la mesa y la taza, pero la «mesa ideal» y la «taza ideal» que mencionas, no puedo verlas en absoluto.»

Platón contraatacó afirmando que el problema de Diógenes radicaba en la limitación de su intelecto, pues era incapaz de comprender y apreciar los conceptos y las ideas puras, ya que sus ojos se dirigían únicamente a las cosas visibles y tangibles.

En vista de ello, empezó a desdeñar las clases de Platón y su forma de filosofar, considerándolas una pérdida de tiempo. Para él, sólo tenían valor las enseñanzas de los filósofos capaces de despertar a las personas a la acción. El resto lo consideraba palabrería vacía promovida por filósofos e intelectuales cuya principal preocupación era ocultar su vacío espiritual.

La escuela de Platón, por Friedrich Georg Weitsch
La escuela de Platón, por Friedrich Georg Weitsch, 1797.

Una vez, cuando Platón definió al hombre como «un bípedo sin plumas», Diógenes desplumó una gallina y, mostrándosela al público de Platón, dijo: «He aquí al hombre de Platón».

La linterna de Diógenes

Diógenes vagaba por las calles, con una linterna encendida en pleno día, proclamando: «Busco a un hombre».

Con esta irónica frase, el filósofo cínico deseaba encontrar un ser humano auténtico, justo, que viviera conforme a la naturaleza.

Diógenes en busca de un hombre honesto, por Jacob Jordaens
Diógenes en busca de un hombre honesto, por Jacob Jordaens, 1642, vía Wikiart. Dominio público.

Cuadro sinóptico

Filósofo
Diógenes de Sinope
Nacimientoc. 412 a.C.
Fallecimientoc. 323 a.C.
ObrasCefalión, Ictias, Corneja, Fárdalo, Pueblo de Atenas, República, entre otras
PeriodoHelenístico
EscuelaCinismo
Ideas principalesVivir una vida sencilla, de acuerdo con la Naturaleza
Autarquía
Cosmopolitismo
Influenciado porAntístenes
Sócrates
InfluyóCrates de Tebas
Onesícrito
Hiparquía

Referencias

DIÓGENES LAERCIO, Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres.

GOULET-GAZÉ, Marie-Odile. Cynicism and Christianity in antiquity. Trad. de Christopher R. Smith. Michigan: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 2019.

NAVIA, L. E. Diogenes of Sinope: the man in the tub. Califórnia: Praeger, 1998.

REALE, Giovanni; ANTISERI, Dário. História da Filosofia: Filosofia Pagã e Antiga. Vol. 1. São Paulo: Paulus, 2007.

SHEA, Louisa. The cynic enlightenment: Diogenes in the Salon. Baltimore: The John Hopkins University Press, 2010.

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