La felicidad según Aristóteles

Para comprender el concepto de felicidad para Aristóteles, debemos recordar, ante todo, que él defendía la tesis de que todo ser tiene un propósito, una finalidad propia. Esta tesis fue conocida como finalismo o teleología (Telos, en griego significa fin, finalidad).

La finalidad de un naranjo, por ejemplo, es producir naranjas; la del ojo humano es ver; la del martillo es clavar, etc.

Ahora bien, cuando un ser actúa de acuerdo con su fin, él alcanza su propio bien. Eso es evidente, ya que la finalidad de un ser no podría culminar en algo que le hiciera daño. Por lo tanto, el fin de un ser es su propio bien. Dice en el Libro I de la Ética a Nicómaco:

Se admite generalmente que todo arte y toda investigación, así como toda acción y toda elección, tienen en la mira un bien cualquiera; y por eso fue dicho, con mucho acierto, que el bien es aquello a que todas las cosas tienden.

El fin último del hombre

Siguiendo este razonamiento, Aristóteles investiga, en su obra Ética a Nicómaco, cuál sería el fin último del hombre, o sea, su Sumo Bien.

Aristóteles es directo en este punto: el bien supremo del hombre es la felicidad (eudaimonia, en griego).

¿Qué es la felicidad para Aristóteles?

La felicidad para Aristóteles consiste en el perfeccionamiento de aquello que es esencial al hombre, o sea, su razón. Solamente el hombre es un ser dotado de un alma racional, eso que lo hace ser diferente esencialmente de las plantas (que tiene alma vegetativa) y de los animales (que poseen alma sensitiva).

El hombre que desea vivir bien y feliz, debe vivir conforme a la razón. El argumento es simple: si tenemos un alma que es superior a las otras, nada más justo que cultivarla siempre y guiarnos por ella.

¿Qué no es la felicidad?

Todas las acciones humanas tienen como finalidad alcanzar la felicidad. Aristóteles dice que todos están de acuerdo con esto, pero no están de acuerdo en qué consiste exactamente la felicidad. Dice él:

casi todos están de acuerdo, pues tanto el vulgo como los hombres de cultura superior dicen ser ese fin la felicidad e identifican el bien vivir y el bien actuar como el ser feliz. Difieren, sin embargo, en cuanto a lo que sea la felicidad […]. Los primeros piensan que es algo simple y obvio, como el placer, la riqueza o los honores.

Aristóteles refuta estas 3 opiniones, pues la felicidad no es:

Placer: los hombres que creen que el placer es la felicidad suprema viven como animales que actúan por impulsos incontrolables, siempre en busca de la satisfacción física; son como esclavos.

Riqueza: la felicidad no consiste en riqueza. Ella es útil, dice Aristóteles, pero es solo un medio para alcanzar otras cosas, por lo que no podría ser considerada el fin último del hombre.

Honor: no puede ser, ya que el honor depende más de quién la confiere que de quién la recibe. Y quien le da el honor, también puede quitársela. Ahora, algo que puede ser quitado del hombre no puede ser considerado su sumo bien, luego el honor no es la felicidad suprema.

¿Cuál es la relación entre virtud y felicidad para Aristóteles?

Como ya hemos visto, cuando un ser alcanza su fin, alcanza también su excelencia, es decir, su virtud.

Según Aristóteles, para que el hombre alcance la felicidad, el Sumo Bien, debe alcanzar la excelencia de su facultad racional, es decir, debe alcanzar las virtudes intelectuales, también llamadas virtudes dianoéticas.

Leer más: ¿Qué es la virtud para Aristóteles? (Ética y Dianoética)

La virtud intelectual (dianoética) se divide en dos:

  1. discernimiento;
  2. sabiduría;

La sabiduría (Sophia) es el conocimiento de las cosas que están por encima del hombre; es la contemplación de las cosas que son inmutables y eternas, encontradas por la ciencia teorética o, más específicamente, la metafísica.

La felicidad, por lo tanto, consiste en la vida teórica, en la vida contemplativa; es en la posesión de esta virtud que el hombre alcanza su felicidad suprema.

Afirma Aristóteles en su Ética a Nicómaco:

ninguno de los otros animales es feliz, dado que de ningún modo ellos participan de la contemplación. La felicidad tiene, por tanto, las mismas fronteras que la contemplación, y los que están en la más plena posesión de esta última son los más genuinamente felices, no como simple concomitante sino en virtud de la propia contemplación, pues ésta es preciosa en sí misma. Y así, la felicidad debe ser alguna forma de contemplación.

A diferencia del placer, las riquezas y el honor, la virtud de la sabiduría no puede ser arrebatada al hombre. La vida contemplativa no es un medio para otra cosa, es un fin en sí mismo.

Además, la actividad misma de Dios también es contemplativa, por eso ella es de más alto valor. Dice Aristóteles:

la actividad de Dios, que sobrepasa todas las otras por la bienaventuranza, debe ser contemplativa; y de las actividades humanas, la que más afinidad tiene con ésta es la que más debe participar de la felicidad.

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