Epicuro

Procedente de una familia de colonos atenienses, Epicuro nació en Samos en el año 342 a.C.. Más tarde su familia se trasladó a Colofón. 

En su juventud se instaló en la isla de Teos, donde estudió con Nausífanes, seguidor de Demócrito de Abdera, quien le enseñó los principios de la doctrina atomista.

Hacia el año 307 a.C., Epicuro adquirió una casa con jardín y estableció allí su escuela, conocida como el Jardín de Epicuro.

Tras su muerte en el 271 a.C., la dirección de su escuela fue asumida por Hermarco.

Busto de Epicuro
Busto de Epicuro

Obras

Las principales obras de Epicuro, que se conocen y conservan íntegras, incluyen los siguientes escritos:

  • Carta a Heródoto (donde trata temas relacionados con la teoría atomística y la física);
  • Carta a Pítocles (trata de los fenómenos celestes);
  • Carta a Meneceo (aborda cuestiones morales);
  • Máximas Capitales;
  • Sentencias vaticanas;

De las demás obras sólo quedaron algunos fragmentos.

Filosofía

Epicuro dividió la filosofía en tres partes:

  • Canon: disciplina necesaria para conocer la verdad;
  • Física: disciplina que estudia la constitución de la realidad;
  • Ética: disciplina que investiga la felicidad y los medios para alcanzarla;

Canon

El canon epicúreo es la parte de la filosofía que investiga la formación del conocimiento humano.

Según Epicuro, el conocimiento humano se deriva de la sensación, la prolepsis y los sentimientos de dolor y placer.

Las sensaciones (sonido, olor, etc.) se producen cuando los átomos sutiles se desprenden de los objetos y, como efluvios, afectan a los sentidos humanos. Epicuro llama eídola (imágenes) a estos efluvios que emanan de los objetos. Los sentidos, como facultades pasivas, captan siempre la realidad de forma objetiva y veraz.

Durante el trayecto hasta el órgano sensorial, el efluvio atómico puede sufrir alteraciones, generando ilusiones. Por ejemplo, la base cuadrada de una torre puede parecer redonda cuando se observa desde lejos.

Las prolepsis (anticipaciones) se refieren a las representaciones de objetos que crea la mente. Las experiencias sensoriales vividas dejan una impresión en la mente. Mediante las impresiones pasadas, el ser humano es capaz de conocer de antemano las características de los objetos correspondientes, aunque no estén presentes. En este sentido, las prolepsis actúan como conceptos universales.

Los sentimientos de placer y dolor también son fundamentales en el proceso de conocimiento, porque además de ser criterios para determinar lo verdadero y lo falso, también lo son para establecer el bien y el mal.

Las sensaciones, prolepsis y sentimientos de dolor y placer son pruebas inmediatas, ya que se producen directamente en el espíritu. Sin embargo, la razón humana trata de ir más allá de estos datos inmediatos. Al formular un razonamiento, partimos de estas evidencias para llegar a otras informaciones de las que no tenemos una confirmación directa. En este momento, entramos en el dominio de la opinión (doxa), que puede ser verdadera o falsa.

Según Epicuro, para determinar la veracidad de una opinión, ésta debe cumplir los siguientes criterios:

  • Basarse en los datos inmediatos de las sensaciones;
  • No ser contradicho por la experiencia inmediata;

Física

Para Epicuro, el mundo, que es infinito, se compone de cuerpos y vacío. La existencia de los cuerpos es evidente a través de nuestros sentidos y la existencia del vacío se deduce del movimiento de estos cuerpos.

Los cuerpos pueden ser absolutamente simples e indivisibles (átomos) o compuestos (agregados de átomos).

Los átomos son indestructibles y no surgen ni desaparecen, lo que implica que el mundo es eterno e infinito. La física epicúrea es, pues, atomista y materialista, con importantes influencias de Demócrito.

Todo, incluso el alma humana y los dioses, está compuesto de átomos.

Ética

En ética, Epicuro defendía el hedonismo, doctrina que postula que el placer es el bien supremo.

Los placeres del alma son superiores a los del cuerpo, y el placer más elevado consiste en la ausencia de dolor. La ausencia de dolor en el alma se denomina ataraxia, mientras que la ausencia de dolor en el cuerpo se denomina aporía.

Epicuro elabora una jerarquía de placeres:

  • Placeres naturales y necesarios: comer, beber y otras actividades relacionadas con la conservación de la vida;
  • Placeres naturales e innecesarios: comer alimentos caros y beber bebidas refinadas;
  • Placeres antinaturales e innecesarios: placeres relacionados con la riqueza, el poder y el honor;

Sólo deben buscarse siempre los placeres naturales y necesarios; los naturales e innecesarios pueden buscarse en ciertos momentos, con cierto límite; los no naturales e innecesarios deben evitarse, pues en ellos nunca hay satisfacción y sólo perturban el alma.

Debemos aprender a controlar los deseos y no dejar que nos controlen. De este modo, el ser humano alcanza su autarquía, es decir, su autonomía.

Amistad

Según Epicuro, la amistad es el mayor bien que puede buscar la sabiduría para vivir una vida feliz.

Sobre la muerte

La muerte es la disolución de los átomos que componen el cuerpo vivo. Para Epicuro, no hay que temer a la muerte, pues cuando estamos vivos, no está presente, y cuando morimos, ya no sentimos nada.

Sobre la vida política

Epicuro creía que la vida política es antinatural y sólo trae sufrimiento y perturbación al alma, comprometiendo la ataraxia y la aponía. Los hombres que se dedican a la vida política sólo desean poder, fama y riqueza, placeres totalmente innecesarios.

El tetrafármaco (tetrapharmakon)

Epicuro elaboró cuatro remedios para alcanzar la tranquilidad de espíritu y la felicidad.

  1. Temer a los dioses es una ilusión.
  2. La muerte no es nada y temerla es absurdo.
  3. El placer está al alcance de todos.
  4. El mal es fácilmente soportable.

El hombre sabio es aquel que posee serenidad y moderación en sus acciones, evitando los placeres inútiles y las pasiones que perturban su estabilidad mental. Ni el dolor ni la muerte pueden sacudir la paz mental de un hombre sabio.

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