Biografía de Kierkegaard

El teólogo y filósofo danés Søren Kierkegaard (1813-1855) nació el 5 de mayo en Copenhague. Era el menor de una familia numerosa, pero él y su hermano mayor fueron los únicos hijos que sobrevivieron.

Su padre, un próspero comerciante temeroso de Dios, tenía 56 años cuando nació Kierkegaard. La madre de Kierkegaard fue la sirvienta de su padre antes de convertirse en su segunda esposa. Kierkegaard habló muy poco de su madre. Su padre era un severo maestro de religión y durante muchos años Kierkegaard equiparó a su padre con Dios. Causó un «gran terremoto» cuando, en 1835, el padre de Kierkegaard confesó sus pecados, y Kierkegaard respondió rebelándose contra su padre y contra la religión. Aceptó a ambos en su corazón cuando cumplió 25 años, lo que le llevó a experimentar una «alegría indescriptible». Su padre murió poco después, dejándole una buena herencia. Respetando los deseos de su padre, Kierkegaard comenzó a estudiar teología, aunque nunca llegó a ser ministro.

En la Universidad de Copenhague, Kierkegaard estudió primero teología y luego literatura y filosofía. No tenía preocupaciones económicas y llevaba una vida despreocupada. Por aquel entonces, Kierkegaard decidió pedirle a Regine Olsen, a la que conocía desde hacía varios años, que se casara con él. Tras dos años de noviazgo, Kierkegaard consideró que había una «protesta divina» porque el matrimonio se basaba en algo falso (nunca dijo qué), y en 1841 escribió una carta a Regine poniendo fin al compromiso.

Después de romper su compromiso con Regine, Kierkegaard se fue a Berlín, donde se dedicó al estudio de la filosofía y terminó su primer gran libro, O lo uno o lo otro (1843).

A lo largo de su vida, Kierkegaard fue melancólico y retraído. Muchos pasajes de su diario se refieren al hecho de que incluso cuando los demás le veían feliz, él lloraba por dentro. El siguiente fragmento de 1836 ejemplifica la diferencia entre el yo privado y el público de Kierkegaard: «Acabo de regresar de una fiesta; el ingenio salió de mis labios, todos se rieron y me admiraron, pero yo me fui… y quise suicidarme». Algunos estudiosos de Kierkegaard atribuyen su melancolía e introversión al hecho de que tenía una joroba.

Kierkegaard es generalmente considerado el primer existencialista moderno, aunque Nietzsche desarrolló ideas similares un poco más tarde e independientemente de él. Las ideas de Kierkegaard recibieron poca atención en vida. Fue ridiculizado por otros filósofos, por la prensa pública y por sus conciudadanos, que lo consideraban excéntrico. Como estudiante, Kierkegaard rechazó el cristianismo y fue un devoto seguidor de Hegel. Más tarde, la situación se invirtió; rechazó a Hegel y abrazó el cristianismo. Sin embargo, el cristianismo que Kierkegaard aceptaba no era el de la iglesia institucionalizada.

Criticaba abiertamente a la Iglesia por su mundanidad y su insistencia en la aceptación del dogma. Decía que la relación más significativa con Dios era una relación puramente personal que se lograba a través de la libre elección del individuo, no una cuya naturaleza y contenido fueran dictados por la iglesia.

Obras

Los libros más influyentes de Kierkegaard son:

  • O lo uno o lo otro;
  • Temor y temblor;
  • La repetición;
  • Dos discursos edificantes;
  • Migajas filosóficas;
  • El concepto de la angustia;
  • Etapas del camino de la vida;
  • Postscriptum definitivo y no científico a las migajas filosóficas;
  • Discursos edificantes en varios espíritus;
  • Las obras del amor;
  • El punto de vista sobre mi actividad como escritor;
  • La enfermedad mortal;
  • Ejercitación del cristianismo;
  • Dos discursos para los viernes ante al altar;
  • Lo que Cristo juzga sobre la cristiandad oficial;
  • La inmutabilidad de Dios;

Las tres etapas

En O lo uno o lo otro, Kierkegaard decía que el acercamiento a la plena libertad personal se produce en 3 etapas: estética, ética y religiosa.

Etapa estética: En esta etapa, las personas están abiertas a la experiencia y buscan muchas formas de placer, pero no reconocen su capacidad de elección. Las personas que operan en este nivel son hedonistas, y una existencia así conduce al aburrimiento y la desesperación.

Etapa ética: Las personas de este nivel aceptan la responsabilidad de tomar decisiones, pero utilizan como guía los principios éticos establecidos por otros, por ejemplo, el dogma de la iglesia. Aunque Kierkegaard considera que el nivel ético es superior al nivel estético, las personas que actúan en el nivel ético todavía no reconocen ni actúan en su plena libertad personal.

Etapa religiosa. En esta etapa, las personas reconocen y aceptan su libertad y entran en una relación personal con Dios. La naturaleza de esta relación no está determinada por las convenciones o las leyes morales generalmente aceptadas, sino por la naturaleza de Dios y la propia conciencia de uno mismo. Las personas que se encuentran en este nivel ven posibilidades en la vida que a menudo son contrarias a lo que generalmente se acepta y, por lo tanto, tienden a ser inconformistas.

Religión, razón y fe

En la época de Kierkegaard, la iglesia luterana era la oficial de Dinamarca. El Estado consideraba su deber proteger y promover el luteranismo, exigiendo formación religiosa en todas las escuelas y elevando al clero a la categoría de funcionario. Kierkegaard pensaba firmemente que ese sistema de control y protección estatal iba en contra de los principios básicos del cristianismo. La naturaleza intensamente individual de la experiencia religiosa era, según él, desalentada por tal sistema.

Kierkegaard acabó rechazando la filosofía de Hegel porque ponía demasiado énfasis en lo lógico y racional y no lo suficiente en el lado irracional y emocional de la naturaleza humana. Por la misma razón, Kierkegaard rechazaba la ciencia por considerarla demasiado mecanicista: pensaba que nos impedía ver a los humanos como seres emocionales y con capacidad de elección.

El estado final del ser, para Kierkegaard, se alcanzaba cuando el individuo decidía abrazar a Dios y aceptar su existencia por fe, sin necesidad de una explicación lógica, racional o científica del por qué o cómo se determinaba la decisión.

A Kierkegaard le preocupaba profundamente que muchos cristianos, en lugar de tener una verdadera relación con Dios, rezaran por reflejo y aceptaran el dogma religioso de forma racional, en lugar de permitir que les tocara emocionalmente.

Un salto de fe

Según Kierkegaard, la verdad es siempre lo que una persona cree privada y emocionalmente. La verdad no puede enseñarse con argumentos lógicos; la verdad debe experimentarse.

En el ámbito de la religión, cuanto más lógicos somos en nuestro intento de entender a Dios, menos lo entendemos. Creer en Dios es un «salto de fe». Dios, que es ilimitado y eterno, no puede explicarse, comprenderse ni probarse lógicamente. Hay que tomarlo por fe, y eso es una elección muy personal y subjetiva.

Intentar comprender a Jesús de forma objetiva revela una serie de paradojas. Cristo es Dios y hombre; es una verdad eterna que existe en un tiempo finito; vivió hace casi dos mil años pero también existe hoy; y viola la ley natural con sus milagros. Los hechos o la lógica no eliminan estas paradojas; las crean. Sólo la creencia puede resolverlos; la subjetividad, no la objetividad, es la verdad.

La fe cristiana es algo que hay que vivir, hay que sentirla emocionalmente. Porque no se puede entender ni apreciar realmente como una abstracción racional. Para Kierkegaard, precisamente porque no podemos conocer a Dios objetivamente, debemos tener fe en su existencia.

En Temor y Temblor, Kierkegaard recordó el relato bíblico de Abraham preparándose para sacrificar a su hijo por orden de Dios. El momento en que Abraham levanta el cuchillo para sacrificar a su hijo capta lo que Kierkegaard entiende por fe religiosa. Esa fe es un salto en la oscuridad acompañado de miedo, temor y angustia. Es precisamente la discrepancia que existe entre el entendimiento humano y la verdad última lo que crea una paradoja.

La paradoja es la constatación de que hay cosas que nunca podremos conocer, y la mayor paradoja de todas es Dios. Sabemos que Dios existe y al mismo tiempo sabemos que no podemos entenderlo; eso es una paradoja. Afortunadamente, Dios dio a los humanos una manera de lidiar con tales paradojas y esa fue la fe. Debemos tener fe en las verdades eternas porque no hay forma de abarcarlas objetivamente. La paradoja de que Dios se haya convertido en un ser finito en la persona de Cristo no puede explicarse nunca racionalmente; hay que aceptarla por fe.

Amar a Dios

Kierkegaard, tal vez reflexionando sobre su malograda relación con Regina Olsen, a menudo se refería a la relación de un individuo con Dios como una aventura amorosa; es simultáneamente apasionada, feliz y dolorosa. También dijo que había que leer la Biblia como se lee una carta de amor. Es decir, el lector debe dejar que las palabras le toquen personal y emocionalmente. El significado de las palabras es el impacto emocional que tienen en el lector.

Al igual que no se lee una carta de amor utilizando un diccionario para determinar el significado de sus palabras, tampoco se debe leer la Biblia de esa manera. El significado tanto de la Biblia como de una carta de amor se encuentra en los sentimientos que provoca en el lector. Nadie debe decirte lo que tienes que sentir al leer una carta de amor o la Biblia, ni tampoco cuál debe ser la interpretación correcta de una u otra. Tus sentimientos y tu interpretación definen lo que en la experiencia es verdadero para ti. La verdad es la subjetividad, tu subjetividad.

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