Maimónides

¿Quién fue Maimónides?

Maimónides (o Moisés ben Maimón) fue un judío nacido el 30 de marzo de 1135 en Córdoba, España, donde, en aquella época, judíos y musulmanes vivían en armonía. Maimónides, además de erudito bíblico y talmúdico, fue un médico que, entre otras cosas, se anticipó a la preocupación moderna por los trastornos psicosomáticos al mostrar la relación entre la vida ética y la salud mental.

La fe y la razón

A medida que los escritos de los filósofos de la antigüedad, especialmente los de Aristóteles, se hicieron más accesibles en la Edad Media, aumentó la tensión entre la filosofía y la religión.

Maimónides escribió Guía de los Perplejos para los eruditos que estaban confundidos por el aparente conflicto entre la religión y el pensamiento científico y filosófico de la época. En concreto, Maimónides buscó una reconciliación entre el judaísmo y la filosofía aristotélica. Intentó demostrar que muchos pasajes del Antiguo Testamento y del Talmud pueden entenderse racionalmente y, por lo tanto, no es necesario tomarlos sólo sobre la base de la fe. Otros pasajes deben entenderse sólo como alegorías y no como literalmente verdaderos.

Maimónides llegó a decir que si algo es demostrablemente falso, debe ser rechazado, aunque se declare como verdadero en la Biblia o el Talmud. Por ejemplo, cuando se le preguntó su opinión sobre la astrología, Maimónides dijo:

El hombre sólo debe creer lo que puede aprehender con sus facultades intelectuales, o lo que percibe por sus sentidos, o lo que puede aceptar con una autoridad fiable. Más allá de eso, no hay que creer nada. Las afirmaciones astrológicas, que no se basan en ninguna de estas fuentes de conocimiento, deben ser rechazadas.

Al igual que los filósofos musulmanes, los esfuerzos de Maimónides por conciliar la fe y la razón, o más concretamente, el judaísmo y el aristotelismo, influirían sustancialmente en los teólogos cristianos cuando más tarde intentaran hacer lo mismo con su religión.

Ya era hora de que el mundo occidental asimilara el aristotelismo a sus creencias religiosas, pero había que dar un paso intermedio. El poder de la razón humana, al que se había restado importancia en la filosofía de San Agustín, pero que era tan importante en la filosofía de Aristóteles, tenía que volver a ser respetable. La razón y la fe tenían que ser compatibles.

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